Tánger en 1900

 

Subida al Marshán

La ascensión era algo dificultosa por lo abrupto y rocoso del terreno. Ya arriba, el llano era inmenso, todo él tapizado por lo regular de musgo y vegetación silvestre. Sus contornos admirables con vista al Estrecho de una parte y al Camino del Monte por la otra.

Evocación del Tánger de 1900

Por M. Benitah

Recordar es dar marcha atrás, es hacer retroceder el presente situándolo en el pasado, es volver a vivir una vida que si no olvidada, ya está muerta. Pero un pequeño esfuerzo, no más, y nuestra imaginación recorrerá y removerá todo un archivo peculiar del intelecto. Cual cinta cinematográfica o alambre magnetofónico toda escena, toda acción y toda sincronización se desarrollará en el vacío y en el silencio.

En la calle Siaghin

Esta calle, continuación del Zoco Chico, era y es aún –pese a toda innovación- la principal vértebra de nuestra población. En ella se instalaron, con gran esplendor y a satisfacción de todo el pueblo tangerino, el reloj campanario de la iglesia de la Purísima Concepción, y, años después y más arriba, en el local que ocupa la fotografía Alba, la primera central telefónica.

El Zoco Chico

El Zoco Chico era antes una grande y extensa plaza en la que se vendía todo lo necesario y lo imaginado.

Estampa del Zoco de Afuera

Situado donde en la actualidad, llamábase también Zoco Grande. A él venían los agricultores y comerciantes indígenas de los contornos a vender o intercambiar productos de la tierra, animales, artículos de artesanía, etc.

La Fuente Nueva

El nombre lo debe a su manantial de agua purísima que de pronto hubo surgido en la esquina frente a la calle Mustafá. Ahí precisamente donde encuéntrase una tienda de comestibles –reformada ya ésta varias veces- de la cual depende un puesto de frutas que precisamente se halla cubriendo la parte en que queda situado el manantial.

Alcazaba

Muy poca transformación ha tenido desde entonces esta residencia gubernamental en la que aún se conservan vestigios de la dominación inglesa. En sus vertientes formando la población musulmana, contábase con lugares espléndidos de belleza panorámica y en particular, callejones y viviendas que siempre atrajeron la atención y curiosidad del extranjero, máxime del artista.

El Tánger de que me permito presentar algunos bocetos a brochazos de mis recuerdos, limitábase entonces a una reducida población de veinticinco mil habitantes. Sus calles principales, Zoco Chico, Siaghins y Fuente Nueva. En estas tenían su residencia las familias más destacadas de la sociedad.

El Muelle Viejo

Un muelle de unos veinte metros a lo sumo, resto de otro mayor, se adentraba en el mar que cuando en pleno venía a batir los mismos muros de la ciudad.

Era muy pintoresco el desembarco de los pasajeros. Recuerdo que en ocasiones éste se efectuaba hasta en canastas, debido al estado del mar. Traídos en bote y hasta en barcazas eran depositados sobre el muelle desde donde venían a hombros de los indígenas a posar sus pies en tierra.

Embarcadero de Tánger

La playa era inhospitalaria debido a los arenales que empezaban ahí donde la Casa Renschausen (propiedad del Estado Español) y las incursiones que los rifeños hacían hasta quedar vencidos y castigados por el intrépido gobernador Sid Belgasi, quien en una última refriega les infligió tal derrota que no volvieron a molestar.

Recuerdo que años después y ya que estaba poblándose en parte la playa, se desencadenó tal temporal que las aguas del mar llegaron a montar la escalinata del Hotel Cecil y removiendo, arrastrando y llevando cuanto a su devastadora fuerza se oponía, hizo desaparecer hasta un gran salón de té, de espectáculo y bar, propiedad del súbdito francés M. Tourinel.

La playa de Tánger

Tánger, capital diplomática entonces del Imperio Marroquí, era la niña mimada y, aunque milenaria por ser una de las poblaciones más antiguas del mundo, mocita que no ha hallado ni hallará partido que definitivamente le convenga.

Sigue y seguirá bañándose sus pies en el agua que mezclada y procedente de dos grandes mares hasta ella llega actuando en rigodón y haciéndole reverencia.

Su puerto, aunque natural y hermoso, carente de una dársena apropiada hallábase combatido por los elementos y en más de una ocasión quedó luctuosamente demostrada esta falta de previsión.

Mezquita de los Aisauas

También las inundaron y anegaron almacenes de aduanas y su contenido; así como también arrastró y se llevó la impetuosidad de su corriente cuanto se halló sobre el terreno.

En las afueras eran pocas las propiedades y éstas habitadas por extranjeros.

Hasta las barracas de baño y botes varados se vieron muy pronto balancearse en alta mar.

La puerta de la Tenería marcaba los extramuros y ahí donde hoy hay la parada de autos, hallábase instalado el faro-guía de nuestro puerto.

Las Legaciones de España, de Portugal, de Italia, de Holanda y de Suecia, se asomaban a este Zoco Chico, así como los correos español el primero, francés después siguiéndole el inglés. El correo alemán, el último instalado, lo fue muy pocos años antes de la visita del Emperador Guillermo II a esta ciudad en 1905. La Legación de Inglaterra hallábase instalada en el local que ocupa el nuevo inmueble Guinon y, tenía como anexo el que hasta hace poco ocupó el Banco de España y la propiedad toda de Salvador Hassán.

En el centro, puestos de fruta fresca y seca, leche y sus derivados, helados en verano y castañas en invierno. Baratijas de toda clase y toda procedencia. Pasteles y golosinas. Mañana, tarde y noche, las moras sentadas a su usanza vendían pan y las había que vendían confección apropiada.

El recinto de esta plaza lo formaba una serie de barracas de madera y entre sus ocupantes contábase bacales, barberos, churreros y alguno que otro comercio indio.

Las demás Legaciones acreditadas, aparte la de la República Francesa que ocupaba la extensión que comprende la hoy conocida calle Legación de Francia, estaban en las afueras.

Calles adyacentes al Zoco Chico, las mismas hoy conocidas. Sólo la llamada de Correos carecía de la entrada que da acceso al Cinema American y cuya escalerilla descansa en la Tenería. Esta reforma, hecha en el mismo muro del recinto de la ciudad. Aún se ha respetado el torreón que esto acredita.

La calle Tapiró, a su derecha, es donde frente al mar edificó este gran artista, gloria de su Patria y emperador de la acuarela, el estudio en cuyo interior se plasmaron tantas escenas marroquíes que le han dado renombre, que harán perdurar las costumbres y atavios de este Marruecos en la Historia.

Plaza del Zoco Chico

Este edificio está actualmente ocupado por la Legación de Suecia.

Al fondo de esta calle se levanta una galería de cristales que fue mandada construir por el ministro de España Diosdado, aficionado que era a la pintura. En sus bajos actuaba la Escuela Franciscana. Actualmente todo este local está ocupado por un café moruno.

Escaleras en la calle de la Tenería

Dar Niaba, actualmente oficina recaudatoria, era el despacho oficial del Delegado-Representante de S.M. Xerifiana. Ostentaba este dignísimo y altísimo cargo Sid Mohamed Torres, de cuerpo diminuto, encorbado más por lo mucho que sabía que por el peso de los años. Figura atrayente y respetable de todo conocido, querida y bendecida. Era un gran altruista.

Calle Siaghins: procesión de los Aisauas camino de su zauia

Mucho debemos también al Reverendo Padre Lerchundi, insigne arabista y cuya protección y cariño jamás regateó a todos sin distinción de raza ni credo.

Reverendo Padre Lerchundi

Más arriba, cerraba esta calle de los Siaghins, una gran puerta que conducía a una plazoleta en la que el gremio de herreros tenían sus forjas y herrerías.

Todo ello, debido al interés y afecto que tiene a Tánger España, dotándola de cuanta mejora está a su alcance.

Todos debemos tenerlo siempre en memoria, el corazón lleno de reconocimiento.

Frente a la calle que conduce a la calle Legación de Francia y a la Fuente Nueva, ahí mismo donde la Compagnie Algerienne actuaba hasta hace algunos meses, levantábase austero edificio en el que estaban instalados los Grands Magasins de París, a cuyo frente estaba de director M. J. Robie, persona afable y honrado comerciante.

La Mezquita Grande en la calle de la Marina

De eso dan fe las composiciones pictóricas siguientes: “Herradores marroquíes”, óleo de Mariano Fortuny, actualmente propiedad de D. Ignacio Bauer; y, “Músicos excéntricos”, Déme de beber, por favor” y otros más a la acuarela de José Tapiró, ambas vendidas en Inglaterra.

Al frente un gran local daba acceso al conocido por Fondaquito de la carne y donde además de expenderse ésta, se atendía a varias actividades. Había caballeriza, depósito de pienso, taller de herradores y por último un café moro que era muy frecuentado por turista y artistas.

A la derecha, una puerta abierta en el mismo muro de la ciudad que formaba a esta parte su recinto, facilitaba el pisar la calle que empezando en la gran puerta del Zoco Grande venía a parar en otra que daba acceso a la calle del Marshán, hoy calle de Italia.

A la izquierda de dicha plazoleta tenía su entrada la Plaza de Abastos y por otro lado permitía la salida al Zoco de Afuera. Una y otra puertas existen todavía.

Otra puerta más se hallaba donde precisamente está hoy el urinario público. Permitía ésta la entrada al Zoco del Trigo, en el que se vendían cereales, carneros, gallinas y huevos. Todas estas puertas señaladas, cerrábanse a cierta hora de la noche.

Era el único medio de locomoción conocido y de menos riesgo; en particular los pacienzudos pollinos que facilitaban siempre una muy alegre excursión o gira. Los lugares predilectos entonces, eran el Marshán y el Monte. En éste, familias enteras pasaban días, semanas y meses gozando de su hermosura y manantial de verdadera vida. Íbanse a descansar, a olvidar lo pesada que es la existencia; y eso que estaban bien lejos de conocer la nuestra, llena de sinsabores y zozobra.

El recinto, no obstante su extensión, era un verdadero hormiguero de actividades varias.

Frente a la que fue Legación de Alemania y hoy es la Mendubía, situábanse los que alquilaban burros, mulas y caballos por excursión, por hora o a diario.

El Zoco Grande un día de mercado

Recuerdo que el propietario David Chiriqui, vendió esta huerta, verdadero edén terrenal, y años después, arrepentido y queriéndola recuperar, ofreció a su tenedor valor de cuatro veces la cantidad que a su venta hubo percibido, quedando su oferta en el vacío.

Recomendábanse como buenos paseos el Chorral, El Cafelito, las Huertas de Bonet, de Nahon y muy particularmente la de Suiry, por disponer ésta de cuanta comodidad se requería.

Poseía además de una gran casa con muchas habitaciones, horno, baño caliente, piscina, etc., amén de un gran merendero propio para la organización de bailes y fiestas.

Sus manantiales eran de hierrro, de magnesia y otras aguas curativas. Su vegetación de la más variada y florida, poseyendo entre sus frutales no pocos exóticos frutos que eran la delicia de sus consumidores.

Actualmente, una fuente pública provee de agua a la vecindad de esta plazoleta y de las calles adyacentes. En la época en la que sitúo esta mi retrospectiva faceta local, la Fuente Nueva era residencia de una muy selecta y buena sociedad y vecindad.

Este último lo producían a fuerza de machacar la hoja de tabaco en altísimos morteros de hierro y que trabajaban negros casi desnudos –pues no ostentaban más que un taparrabo- y cuyos cuerpos relucían en su color de ébano por efecto del sudor producido por su continua y dura labor.

De la fuente Nueva son, diríase, afluentes, las calles Mustafá, Wad Aherdan, Abdesadak y Almanzor.

El amplísimo local ocupado por la Fábrica de Limonada “Los dos amigos” fue gran almacén de materiales de construcción, transformándose luego en Fábrica de Kif y de Rapé.

Una fuente pública en la Medina de Tánger

Los fondos de no pocas composiciones artísticas lo demuestran; tales son “Soldados marroquíes” dibujo a la pluma de fortuny, “Fantasía”, óleo del mismo y, las acuarelas ¨La florista”, “Remendón de tapices y portadoras de agua” de Tapiró, y, no pocas otras más debidas a los inmortales pinceles de Clarés, Regnault y Delacroix.

A la puerta de la Alcazaba, antes de ser franqueada, castigábase antes a los delincuentes, razón por la cual también se la conoce por la “Puerta de los palos”. De este lugar dominábase en completo la bahía, la playa y la ciudad.

Hoy, esta bella perspectiva ha perdido de su encanto a causa de las construcciones modernas.

Tánger vista desde la Casbah

Cierro con esto esta reseña retrospectiva no dejando de consignar que este Tánger que acabo de describir no dejaba de ser mejor que el presente, hallándose como estaba exento de egoísmos y en la abundancia de cuanto sus habitantes en núcleo verdaderamente familiar necesitaban.

Castigo a un reo en la plaza del Mexuar

Encaminando los pasos bajo los arcos del Palacio del Sultán, pasa uno por delante de lo que fue últimamente Tabor Español, saliendo a uno de los caminos que conducen al Marshán.

Pocos eran entonces los chalets que había construidos. La poca seguridad habida no albergaba confianza que su poblado permitiera. Servía el indicado llano con frecuencia de campo de atracciones de la época y costumbres de Marruecos. Se corría la pólvora. Había música excéntrica. Hacinase carreras de cintas y de caballos y, muy particularmente, partidos de foot-ball por la juventud local.

En el Marshán hay un importante y hermoso edificio, el Instituto Pasteur; cuyo terreno fue donado por la autoridad xerifiana a raíz de haber sido asesinado en la playa el joven M. Charbonnier, empleado de la Compagnie Algerienne, e hijo de un gran industrial francés, en ocasión de estar dándose un paseo a caballo.

En cuanto al Bulevard, los Suanis, la calle Holanda y Betanzos eran extensiones de arena, terrenos abruptos en los que abundaban las chumberas y cuya trayectoria no dejaba de ser peligrosa.