Por RAMIRO SANTAMARÍA QUESADA

    Tingis, la cortesana que sonríe a todos sin jamás entregarse

    Tánger, Tingis, está orgullosa de ser la hija de Anteo, el gigante hijo de Neptuno. Envanecida de que los vástagos de Atlas hayan cultivado su Jardín, donde florecieron los árboles de frutas de oro. Satisfecha de que las Hespérides la hayan hecho guardar por su dragón de cien cabezas. Pero... Hércules mató al monstruo y robó las naranjas auríferas. Esta es la prosa mitológica que hace se diga que Tánger halló las legendarias columnas de Hércules, así como las grutas refugio del coloso.

    Tánger es una cortesana imbuida en sus encantos, que se vende, se ofrece, se da a todos por cierto tiempo sin jamás entregarse, y sigue, en apariencia, siendo despreocupada libertina; mas su alma secreta es el centinela vigilante que se yergue a la entrada del Estrecho de Gibraltar.

    Mil quinientos años antes de Jesucristo, ya comienza a cambiar de amor. Es fenicia, cartaginesa, árabe, romana, bizantina y visigoda, para tornar a ser árabe.

    En 1904, en virtud del abandono sobre sus derechos a Egipto, reconocía Inglaterra a Francia una situación preponderante en Marruecos.

    Desde el momento que el Hohenzollern -31 de marzo de 1905- echó sus anclas en la bahía tangerina, la población se declaró en fiesta. Guillermo II dudó bajar a tierra por temor a las repercusiones internacionales; al fin, se decidió.

    Los vocablos del Káiser fueron un latigazo para "Francia, en cuyas carnes estaba aún muy reciente la humillación de Fáshode. En 1914 –17 de agosto–, Muley Yuseff declara la guerra a Alemania, y son expulsados de Tánger el Cónsul alemán y el de Austria.

    En el mes de julio de 1921, el puerto tangerino es designado como residencia para los europeos por el Sultán, para evitar que penetraran en las demás partes del territorio marroquí.

    Barcos de guerra o de cabotaje constantemente en el puerto, cuya presencia daba lugar a continuas y recíprocas recepciones, bien a bordo o en las Legaciones. Vida alegre y mundana que nadie tomaba en serio, porque los hombres, en general, prefieren ser felices.

    En aquellos días era frecuente tropezar con un cuadro pintoresco y abigarrado como el siguiente: Una fiesta, ¿dónde?, no importa; en cualquier sitio.

    A partir de julio de 1936, las cosas comienzan a estropearse. La Administración no es lo suficientemente fuerte para observar una estricta neutralidad ante los acontecimientos que se desarrollan…

    La nueva guerra mundial exige la presencia española en lo rector para evitar que la hoguera prenda en la zona internacional. Con energía, España mantiene hasta el final de la conflagración alejado a Tánger de la guerra.

    La última Conferencia de París -1945- crea un nuevo orden de cosas.

    Una ciudad de orquesta con ritmo individualista, incapaz de plasmar una bella melodía. Un pueblo de pueblos, colmena humana, moderna Babel, en la que se entremezclan las corrientes más puras con el cieno y el lodo. Una ciudad que para algunos es uno de los lugares del mundo más agradables, y para otros, un polvorín peligroso. Así es hoy, Tánger, la cosmopolita, uno de los callejones sin salida del mundo desde los tiempos más remotos...

    Cuarenta años después ondea en ella la enseña portuguesa. Permanecerá durante un siglo bajo el dominio de Portugal, para ser española cuando la Lusitania se siente hispana bajo el cetro de Felipe II.

    En la Edad Media se convierte en urbe de paso, surgiendo entre su atmósfera la niebla de lo babélico. En 1437 se resiste a entregarse a los marinos de Enrique el Navegante.

    Parece que Tánger se cansa de ser hija desnaturalizada de Marruecos, y la obstinación descortés de sus habitantes se impone a los ingleses, que evacuan la ciudad, no sin haber destruido todo lo que construyeron y arrasar los muelles del puerto.

    En 1844, Bugeaud, con el fin de intimidar a Abd-el-Kader, que amotinaba contra los franceses a las tribus fronterizas con Argelia, mandó, a las órdenes del Príncipe de Jounville, una escuadra para cruzar las costas marroquíes, que el 6 de agosto abría fuego sobre el puerto tangerino.

    Vuelve a ser portuguesa en 1640, para, veintiún años más tarde formar parte del ajuar de Catalina de Braganza, que desposa con el Rey Carlos II de Inglaterra.

    Poco después, el Emir se sometía a Francia. Desde ese momento, Tánger ya no conocería otra guerra que la diplomática.

    Una flota española bombardea, la villa en 1790 como justificada represalia.

    Aproximadamente un mes más tarde, el Sultán firmaba el Tratado de Tánger, por el que se comprometía a expulsar a Abd-el-Kader de su territorio.

    Esta visita tuvo por consecuencias un acercamiento francés hacia Alemania.

    Se temían incidentes, mas sólo se produjeron dos: Una francesa histérica, desde su balcón, arrojó al soberano un ramo de flores con los colores galos.

    Conviene hacer constar las palabras de Guillermo II, pronunciadas en la Legación germana -hoy Mendubía- ante los notables marroquíes de la ciudad, los representantes extranjeros y el tío del Sultán:

    "Es al Sultán a quien visito hoy en su calidad, de soberano independiente”

    El Sultán marroquí Muley Ismail, viendo el campo libre, penetra en la ciudad al frente de un espectacular ejército de "bujeras" -guardia negra- en 1664.

    El Káiser Guillermo II, y principalmente su séquito prusiano, creyendo que el honor de Alemania estaba en juego, decidieron que, en el transcurso de una excursión marítima, el Emperador germano haría escala en la urbe.

    Y... la descortesía del Ministro francés de Chérisey, que, al saludarle, rompiendo con el protocolo, volvió la espalda al Emperador. El Káiser, sin tener en cuenta los gastos que hizo la población para su recibimiento, regresó a su barco.

    Muchas cavilaciones surgieron de la mente del Ministro de Estado galo, Mr. Decalssé, ante la actitud germana, que dio lugar, en junio de 1906, tras amplias conversaciones secretas, a la declaración conjunta franco-alemana, verdadera puerta que se abrió ante la convocatoria de la Conferencia de Algeciras.

    “Mi visita a Tánger tiene por objeto el hacer saber que estoy decidido a poner todo cuanto esté de mi parte para salvaguardar eficazmente los intereses de Alemania en Marruecos. Y porque yo considero al Sultán como soberano absolutamente libre, con él quiero entenderme respecto a los medios de salvaguardar esos intereses”

    “En cuanto a las reformas que el Sultán tiene la intención de realizar, me parece que se ha de proceder con mucho tiempo, y teniendo en cuenta los sentimientos religiosos de la población, para que no se turbe el orden..."

    “Espero que Marruecos, bajo la soberanía del Sultán, permanecerá abierto a la concurrencia pacífica de todas las naciones, sin monopolios y sin trabas, bajo un pie de igualdad absoluta”

    Tánger fue dotado de un Estatuto provisional por doce años, prorrogable por otro lapso de tiempo de igual duración, siempre que no fuese exigida su revisión por algunos de los firmantes.

    Esto da por resultado, en 1923, un convenio internacional, que este soberano firmó, a la par, con Francia, España e Inglaterra. La administración de la ciudad y la de su periferia era confiada a los representantes de las tres potencias, a las que se unió Italia en 1928, después que Roma obtuvo esta satisfacción de la Conferencia de París.

    Hasta 1936, la vida en Tánger transcurre aparentemente apacible; a él iban a buscar calma, exotismo y diversión turistas de las cinco partes del mundo. Diplomáticos amables, jardines en flor, bares abundantes.

    A la entrada de los jardines, "mehaznis" de gorros puntiagudos hacen guardia; "scouts" de Francia venden programas. Jóvenes españolas ofrecen flores. Un grupo de marinos del Leipzig bloquea la entrada del "stand" de tiro. Un Coronel inglés hace un número sensacional de látigo australiano.

    Para poder asistir a la fiesta hay que recibir los billetes de manos del hebreo Levy. Los espectadores están en fila ante los cañones del tiempo de Felipe II y de Luis XIV. Más allá, al lado de un puesto de tabaco, jóvenes Oficiales ingleses inician su baile al ritmo del "lam-beth-walk". De grupo en grupo corretea, sonriente, el más simpático abate galo, que, pensando en la recaudación, se frota las manos...

    Desarticula la intriga, prohibe fobias y filias; mantiene el orden y hace crecer a la urbe. Mas esta realidad, no reconocida después ante la euforia de una victoria en alas, es la única verdad ante quienes, deseando especular, intentaron presentar a lo español cual dominador.

    Y llegamos, después de un recorrido altamente paradójico, a la cima libertina de la hija de Anteo: Tánger 1951. Un Tánger congestionado, ampuloso, que vive sin descanso de noche como de día. Donde el lujo, el placer y los excesos conviven en perfecta armonía con la laboriosidad y la honradez. Donde se mistifican virtudes y pasiones. Donde la ambición de los hombres camina a velocidades sin freno. Donde unos comercian con su honor; otros, con el vicio, y algunos, con su patria.

    Francia, "aliado sufrido", ve, esperanzada de nuevo, un Tánger afrancesado.

    Los Estados Unidos, que no habían reconocido, reconocen con algunas reservas el Estatuto tangerino, y exigen, pretextando seguridad, un puesto preeminente en el seno del Comité de Control.

    Inglaterra se percata de que le ponen en la mano nuevas cartas en el juego de la intriga.

    ¿Y España? España, para unos y para otros, estorbaba en la ciudad internacional.