Por CARLOS J. DE NESRY

    Teoría del Zoco Chico

    Toda el alma de Tánger está aquí, en este cuadrilátero sonoro y colorido, en estos círculos de ociosos que se hacen y deshacen a lo largo de las horas, en multitudes abigarradas que indefinidamente se suceden como una marea incesante.

    Mientras tanto, allá arriba, desde su torre airosa, el reloj de la iglesia va ritmando para ustedes el curso de las horas que pasan. La noche es larga y rica en promesas… Hasta que de otra torre, símbolo de otra fe, el almuecín matutino lance en un cielo ya emblanquecido por el alba la llamada a la serenidad y al recogimiento.

    Todo lo que la idea de Tánger supone de fábulas o de plausibles virtudes se cifra para muchos en esta plazuela célebre aunque a primera vista insignificante.

    Una a una fueron huyendo las sedes de las Instituciones oficiales que, al alba del Estatuto, empezaron aquí su carrera venturosa. Uno tras otro, siguiendo un turno jerárquico, Legaciones, Correos, Bancos, han ido abandonando sus primitivas moradas por decorosos inmuebles juzgados más apropiados a su nueva y ascendente fortuna.

    Las oficinas de cierto rango siguieron este movimiento migratorio, traspasando a su vez esa línea divisoria entre dos mundos que pasa idealmente a la altura del otro Zoco, oportunamente llamado de "Afuera".

    Bajo los imperativos del tiempo, el eje de la ciudad, al menos el de los negocios, fue desplazándose insensiblemente hacia modernos barrios y rectilíneas avenidas, donde, en un desmesurado ímpetu de construcción, las cúbicas moles de flamantes edificios van avanzando cada día más lejos sobre verdes espacios ayer todavía despoblados.

    Los pasos nos traen hasta aquí con un movimiento casi inconsciente. Tiene el Zoco Chico sus fieles para quien la peregrinación a este verdadero término sentimental es como un rito de todos los días. ¿Por que el Zoco Chico perdura en nuestros recuerdos? ¿Por qué en nuestros viajes, es a estos lugares inexplicablemente privilegiados, que vuelven fielmente nuestros más nostálgicos pensamientos? ¿Cual es el secreto embrujo de este rincón discutido de la ciudad, que parece dejar en nosotros duraderas resonancias que la costumbre sola no basta para justificar?

    Hasta las Agencias de cambios que durante largo tiempo caracterizaron convencionalmente su fisonomía, ya no le son exclusivas.

    ¡Un viejo e indefinido prestigio marcará a pesar de todo el Zoco Chico!

    Entre tantos bulevares impersonales y sin historia, el Zoco Chico tendrá siempre la ventaja evidente de su abolengo antiguo, de su irreductible individualidad bien acusada, de ese tenue aroma de romanticismo que, al igual que el buen vino, al paso de los años no puede más que mejorar.

    Sin embargo, se multiplican los signos visibles, que traicionan un lento y seguro decrecimiento de su secular importancia, un trabajo inexorable de deslizamiento destinado a destronarle definitivamente a favor de otros centros más nuevos o amplios.

    Y en este escenario ideal de la ciudad, la existencia de Tánger, tan sugestiva y tan variable, puede ser observada a su voluntad, sorprendida en sus secretos y sus íntimas debilidades. Aquí cada uno encuentra a todo el mundo.

    Encrucijada central de tantas calles, aquí se cruzan y se amalgaman corrientes opuestas que desembocan de todos los barrios circundantes; de la Alcazaba, celosamente retraída, cuyas torvas callejuelas llegan hasta aquí; de los bulevares exteriores donde la ciudad se perfuma pretenciosamente de capital europea; del puerto cercano que nos envía, con sus rebaños intermitentes de marinos licenciosos, sus efluvios de mar, de ambiente intérlope tosca gente embarcada.

    Un anillo apretado de cafés y bares lo encierra, como un teatro el hemiciclo de sus plateas.

    Y con un poco de buena voluntad, el viajero al acecho sensacionales informaciones, puede ver en la charla de dos anónimos consumidores, el conciliábulo donde se urden las más espeluznantes y las más novelescas hazañas.

    Veinte  idiomas y dialectos entrechocan sus extrañas consonancias en la más mediterránea de las algazaras. Aquí el habitante sedentario se codea con el extranjero venido a buscar la fascinación de la novedad en este diminuto y singular crisol de razas y de civilizaciones, umbral de oriente para los europeos, umbral de occidente para los genuinamente orientales.

    Aquí nacen y mueren las quimeras. Alrededor de estas mesas, operaciones de todo orden y de toda envergadura fueron tratadas y concluidas.

    De estas tascas tomaron su vuelo las célebres empresas hechas de clandestinos fletes y de nocturnos desembarcos, cuya primera fase fue aquí, y cuyo epílogo tuvo por teatro más de un puerto cómplice, más de una secreta bahía, de este generoso Mare Nostrum que nunca mereció mejor su nombre como para estos navegantes de nuevo estilo.

    ¿No es ante estos bares de barato cosmopolitismo donde fueron últimamente madurados los planes de audaces abordajes, perpetrados en alta mar por nuevos corsarios del siglo XX, que no hubieran repudiado los legendarios piratas del Caribe?

    El tiempo y los acontecimientos han pasado sobre él sin cambiar en nada su ser íntimo.

    A pesar de las vicisitudes y quizá por causa de ellas, no ha cesado nunca de ser el corazón de la ciudad y como su otro centro nervioso.

    ¿Patina del tiempo?

    Ley misteriosa de las aglomeraciones urbanas, la que preside a la jerarquía de sus calles más o menos frecuentadas, a esos polos de atracción que aparecen desaparecen sin aparente lógica.

    Las fluctuaciones de todos los mercados tienen aquí su repercusión inmediata y segura; las noticias llegan y se reparten en esta etapa definitivamente integrada, al universal ciclo de las finanzas.

    De aquí partieron expediciones azarosas, cuyos imprevisibles resultados valieron a sus autores, según el giro de la suerte, su fortuna o la ruina.

    Aquí también son tratados todos los negocios dudosos, todos esos misteriosos tráficos que dieron a Tánger su reciente leyenda no siempre justificada.

    Transacciones en todas las monedas del mundo han sido realizadas por personas también venidas de todos los rincones de la tierra.

    Núcleo sensible de la ciudad, en él se ven reflejados, como en un semblante humano, los momentos cumbres de su vida pública, sus alegrías, sus inquietudes, decepciones...

    Aquí fue tejiéndose año tras año la historia de Tánger, sutil y compleja, que para quien sabe recordar, revive a cada paso. Su pasado diplomático, todo de intrigas y de compromisos, está aquí, donde antaño se concentraban Consulados y Misiones.

    ¿Cuántas riquezas más o menos bien ganadas tomaron aquí su raíz?

    ¿Cuántos son en cambio los que, llegados de su lejano país, sin más reservas que su bello entusiasmo y su ansia de fortuna rápida, vienen a encallar aquí, defraudados y exhaustos, agotadas las esperanzas y agotados los últimos recursos, viendo melancólicamente morir las ilusiones que sobre los mitos de Tánger se dejaron imprudentemente forjar?

    Aquí, durante los años 36 y 37 los espíritus encendidos por las pasiones políticas opusieron un café a otro en enemistad fratricida, transformando esta pacífica plaza en una imagen rediviva de las Españas en guerra.

    Las codicias internacionales encontraban su terreno de entendimiento y sus "modus vivendi" revisados sin cesar en esta única puerta de acceso hacia un Marruecos a la sazón desconocido y apenas explorado.

    Aquí, durante la contienda mundial, las peripecias de los frentes provocaban sin tardar los ecos alternados de triunfo o consternación. Y, una tarde de primavera inmensa de luz, la noticia del armisticio despertó la espontánea exaltación y los eufóricos cortejos que parecen ya tan lejanos.

    Por aquí se encaminaba, los días del Mulud, bajo un incendio de azul y de cielo, en el delirio de los cánticos y de las gaitas desencadenadas, el lento y majestuoso desfile de las cofradías, coronado por el altivo despliegue de los banderines púrpura, blanco y oro.

    Primero en despertar, es el último en apagarse. En él siguen vibrando muy tarde los últimos latidos de la gran urbe dormida.

    Los noctámbulos inveterados, huyendo las soledades oscuras de los barrios donde toda vida ha terminado, afluyen espontáneamente como atraídos por un invencible tropismo, hacia este último foco de alegría, de movimiento.

    Porque llegada la noche, una fauna nueva, de día invisible, aparece por estos contornos, como para confirmar otras leyendas fundadas y otras tradiciones probablemente seculares.

    La calle de los Siaguins, que lleva hacia él, es la pendiente fácil hacia el vicio o la evasión, hacia la efímera depravación consentida a dosis que pasan por inofensivas. Más abajo, los dancings diseminados por los parajes abren allá, con sus puertas rutilantes, el refugio suntuoso de la tentación, donde en muy costosas bacanales se disipa el excedente de las fortunas fáciles. "En la puerta -decía la Biblia- está agazapado el pecado"...

    Una especie de feria perpetua desenvuelve a diario su magia luminosa. Ya, el mercader de los tapetes, ha venido, como todas las noches, a extender a vuestros pies, en espera de un problemático comprador, su movido decorado policromo donde se entrelazarán vuestros pensamientos.

    Mas no sólo de amores banales vive la ilusión. Si la suerte es propicia, a la mesa próxima, llegarán las providenciales extranjeras para crear a vuestra vera, con sus acentos guturales y el exótico corte de su ropa, el sueño de tierras lejanas y de heréticas costumbres siempre bien venidas.

    Y los días de gran especulación, tomaba este lugar un fugitivo ambiente de gran Bolsa, con su tumulto, su inquietud y su febril agitación.

    Estratégicamente situados en la terraza de los cafés que nunca cierran, pueden ustedes asistir como espectadores a los debates de este pequeño universo en continua evolución.

    Más lejos, pasan y vuelven a pasar a la deriva de la corriente humana, amables mercenarias, las actuales herederas quizá de aquellas peripatéticas célebres que, en tiempos remotos, no debieron faltar de la Tingis romana, seguramente pagana y báquica. Dejan a su una estela de piropos de discutible "salero", con oscuros deseos también problemáticos. ¡Original promiscuidad nunca desmerecida! Sin su equívoca poesía, el Zoco Chico perdería su sal.

    Cada encuentro está lleno de posibilidades infinitas ¿No hay una misteriosa invitación del destino en esos ojos aguamarina, en las doradas espigas de esa corta cabellera segada en alto?

    Y, en vuestro inglés rudimentario, procuraréis entablar un diálogo laborioso, sembrado de mímicas y sonrisas, augurio de las mejores perspectivas". La aventura está aquí, en sus mil aspectos, a la vuelta de cada esquina.

    Por aquí un día desfiló Guillermo II de Alemania durante su histórica visita tan cargada de posibilidades. Y las fotos de la época nos muestran, bajo los actuales balcones abarrotados de curiosos, en medio de un blanco torbellino de albornoces flotantes, el paso arrogante de la imperial cabalgata.

    Florecen ahora éstas por todas las calles de la ciudad nueva, surgidas de los rincones más Inesperados, a un lado de las tiendas o de los portales, al borde de las aceras, en improvisados kioscos al límite de los solares.